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CALIFICAMOS ASÍ

Nuestra escala para calificar las reseñas del uno al cinco (estrellas). Con el Sir William McKay reservado sólo a la excelencia.

  • Sir William McKay: Aleph One
  • Willy McKay: ¡Non-Plus-Ultra!
  • McKay: Muy bueno, peeero...
  • Pasta: Ta' bien... ta' bien.
  • Mancao: No nos inmuta.
  • Ñame: ¡Que nos devuelvan el tiempo y dinero que perdimos en revisar esta grandísima porqueria! Epic FAIL!
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Lectura: No Girls Allowed? I'm not your fucking shield!. Una opinión sobre el sonado caso del #gamergate desde la perspectiva analítica del Editor en Jefe. –Bartolomeo

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Mordor Folk



Conversando en la antesala a la premiere de prensa de The Hobbit: The Battle of the Five Armies con el rural Mike y unos fieles ruraltejanos, nos dimos cuenta que todos sentimos un apego tradicional, clásico y nostálgico hacia la Trilogía del Anillo. Haciendo comparaciones con la nueva saga de The Hobbit, no pudimos sino admitir que el producto actual no se alinea con el anterior por más que intenten repetir la fórmula. Esa fue la palabra clave "repetir", porque si algo demuestra esta trilogía del Hobbit es que se afinca en el éxito del pasado, repitiendo esquemas formuláicos para sustentar su carente creatividad en volvernos a impresionar. Esto lo trasladamos a lo argumental, lo dramático y hasta en lo visual. Cómo no iba a ser de otra manera si la obra literaria –el corto cuento de J. R. R. Tolkien– apenas da unas pocas páginas para un breve relato.

La mejor explicación, a manera de risas, fue la analogía de un largo pan al que hay que rendir una única untada de mantequilla. Los tomos de The Lord of the Rings alcanzan 500 páginas promedio (c/u), le y costó a Boyens, Jackson y Walsh adaptarlos a tres films épicos, ricos en contenido, tramas paralelas y personajes variopintos. En este caso es lo opuesto, diluir un pequeño suplemento a tres films épicos no es mucho lo que se le puede sacar. Claro está, si añades sustitutos, rellenos y toda suerte de aditivos que originalmente no estaban, obtienes un tumulto inconexo. Esto ya lo recalcamos en las reseñas de las anteriores The Hobbit: An Unexpected Journey y The Hobbit: The Desolation of Smaug, señalando el desespero de Peter Jackson por revivir la trilogía del anillo al saturar la nueva serie de personajes y estructuras que le pertenecen exclusivamente a la primera. Por favor, para que entiendan mejor mi punto de vista entre fanático y crítico, lean las reseñas de las películas anteriores.



Sin embargo, para la nostalgia y el entretenimiento ameno, The Hobbit: The Battle of the Five Armies es una obra agradable y simpática si bien fracasa en generar empatía emocional. La que sentimos por los personajes de la original cuando apenas pudimos esperar un año para seguir la intrépida cruzada de un pequeño Hobbit cuyo propósito titánico parecía apocalíptico. Incluso el apego a los personajes de la cofradía, separados casi al comienzo, se apegaron a la audiencia con legítimo propósito para convertirse en iconos clásicos dentro de nuestra cultura geek.

El primer film de The Hobbit no pudo revivir esa angustia por saber el porvenir de la odisea, la cual carece de sentido propio que incluso nos hace cuestionar sus motivaciones. El simple viaje para reclamar un reinado expropiado por un dragón no posee bases sólidas para todo este entramado. Aburriendo al tedio en su innecesaria longevidad, la que no puede justificar por más que añadieran sub tramas y conflictos fabricados para darle espacio a personajes clásicos ajenos al argumento base. Peor aún, robando protagonismo a quienes por derecho literario requerían de ese espacio para desarrollarse y ganarse al público: El joven Bilbo (hobbit) y la cofradía de enanos. Trasladando la titularidad a ninguno por culpa de la intromisión de roles anexos o inventados, para extenderse a tres episodios épicos cumpliendo una agenda comercial más que artística.

Pero lo épico en esta trilogía sólo se siente en su duración y su despliegue técnico de efectos CGI, no en lo argumental, tampoco en lo dramático ni mucho menos en lo emocional. Si el film anterior, The Desolation of Smaug, hizo méritos en avivar las emociones en un mínimo para mantener el poco interés generado por su precuela, The Hobbit: The Battle of the Five Armies fracasa en su obligado papel de clausura al ofrecer una conclusión predecible, con mínimas sorpresas y menos emociones. Aún con la colaboración de Del Toro en el guión, poco se pudo hacer para salvar algo que, en mi justa opinión, no debió pasar de una sola cinta épica o dos largometrajes de formato estándar.



Se gestan batallas grandiosas que fueron necesarias para darle propósito a su guión desorientado. En lo particular porque The Hobbit: The Battle of the Five Armies insiste en negarle el derecho histórico a Bilbo Baggins de llevar el protagonismo a cuestas, junto a su escolta de enanos quienes ven su participación diluida en el mejor de los casos (que igualmente pertenecen a esta obra por defecto). Por consecuencia The Hobbit: The Battle of the Five Armies sufre de un liderazgo impreciso, que se reparte a veces entre Gandalf, personajes nuevos –entre humanos y elfos–, además de la figura alpha adjudicada a Legolas quien una vez más recibe exposición primaria como el super héroe central.

Esto se repite en el lado de los villanos, que tampoco ven representado su propósito en algo más que riñas y defensas territoriales. De nuevo se tiene que recurrir a la imagen omnisciente de un Saurón prematuro quien aún le falta tiempo para encajar en todo esto. Es que ni en las figuras opuestas sentimos un ancla para generar animadversión hacia una imagen antagónica de peso. Durante el inicio de esta trilogía nos hicieron imaginar a un dragón como el fin único, o la representación maligna del adversario a vencer.

No obstante esto no fue así, distribuyendo adversarios en una indefinición –entre tantas escenas que divagan– que tuvo por turnos a Gollum, el espejismo de Saurón y muchos enemigos secundarios. Entre los cuales uno repentinamente asumió las riendas del adversario extra oficial por ser el único consistente durante las tres películas, el Orco blanco "Azog". Lo épico se pierde en el abuso de efectos y escenarios digitales (ante la majestuosidad de escenografías reales en The Lord of the Rings), que sirven de espacio virtual para la cantidad de sucesos que ocurren casi que sin justificación alguna, muchas veces sólo por el hecho que pudieron y no porque debieron.



Dentro de todo este pastiche de ritmo torpe hay momentos de aplaudir en la dirección de Jackson, siendo algunas escenas de combate memorables en el vago intento de darle emoción a su estructura inconexa. Pequeños focos de humor aparecen aquí y allá, con débiles participaciones de comic-relief, pero es más por la familiaridad de esta cultura ficticia y por la labor de su elenco que de nuevo no tiene desperdicio. Siquiera el soundtrack score de Howard Shore –elemento favorito de alta sensibilidad para mi– produce temas propios e innovadores para contribuir con el film, que recurre a los motifs temáticos calcados de sus obras pasadas en esta serie de adaptaciones. Casi que… que suene música de relleno solamente porque sí.

Sir Ian McKellen retoma su papel de Gandalf, extendido a lo largo de todo el film como el árbitro sensato en medio de tantos conflictos superfluos. Martin Freeman de Bilbo Baggins sigue compartiendo su legítimo liderazgo entre tantas figuras que cuesta colocarlo en el mismo lugar que su pariente descendiente en las viejas cintas. Le siguen Richard Armitage, Ken Stott, Graham McTavish, William Kircher, James Nesbitt, Stephen Hunter, Dean O’Gorman, Aidan Turner, John Callen, Peter Hambleton, Jed Brophy y Mark Hadlow en la genérica cofradía de enanos. Orlando Bloom como Légolas vuelve a ser la figura alpha de heroísmo accesorio para robar protagonismo en las obligatorias escenas de acción. Junto a personajes añadidos, entre inventados e invitados, que tiene a Evangeline Lilly, Lee Pace, Luke Evans, Mikael Persbrandt, Sylvester McCoy, Ryan Gage, Billy Connolly y Manu Bennett; con los obligatorios cameos estelares AAA que dan familiaridad en Cate Blanchett, Ian Holm, Christopher Lee y Hugo Weaving.

The Hobbit: The Battle of the Five Armies es tradición, como comerse una hallaca en Diciembre sin ganas, volver a ver lo familiar sin el elemento sorpresa o innovador. Diluyendo material, ajeno a su origen, la trilogía de The Hobbit degrada el legado de la original en lugar de validarla. La estrenan en Enero. Recomendable como la cartelera rural de la semana, pero sólo para aquellos afectos a la serie y que quieren cerrar con el ultimo (?) episodio concluyente de la franquicia llevada al cine, eso si no hacen el Silmarillion.


Film: Pasta (★★★☆☆)

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Bart

P.D. Agradecidos con Blancica y José Pisano siempre pendientes de extendernos su gentil invitación.

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